El trabajo es algo que forma parte de la vida de toda persona, de hecho es un derecho y un deber constitucional, así en el artículo 35.1 dice: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”.
Tanto es así, que desde pequeños se nos pregunta ¿qué queremos ser de mayor?, ¿Dónde queremos trabajar?...Nosotros dentro de nuestra ignorancia de niños, soñamos con un trabajo y una profesión, que distará en un futuro de lo que imaginamos en el pasado.
Con mi escasa experiencia laboral, puedo asegurar que es difícil encontrar el trabajo soñado, al menos al principio, ya que la inmensa de las ofertas de trabajo no se asemejan para nada a lo que soñábamos de niños; es entonces, cuando tenemos que ir modificando nuestro “trabajo de ensueño y nuestro puesto ideal” e ir conformándonos con lo que nos sale, adaptarnos a lo que las empresas nos ofrecen, lejos de poder alcanzar lo que queremos.
La mayoría de las empresas, por no decir todas, tienen un afán de lucro propio, de obtener beneficios empresariales y en muy pocos casos sociales. Esto impide el desarrollo del personal que forma parte de ellas, es decir, de “nosotros los soñadores”.
La preocupación de las empresas, es que al final del ejercicio se alcancen los objetivos propuestos, y esos objetivos son básicamente económicos, competitivos, de liderazgo en el sector o en la industria, pero en muy pocos casos resulta de importancia el desarrollo y satisfacción del factor humano.
La preocupación por el factor humano surgió sobre 1950, con las diversas teorías de los recursos humanos. En ellas se empezó a hacer énfasis sobre la importancia de las personas dentro de las empresas.
Al comenzar en las empresas nos prueban, como si fuéramos una máquina con periodo de garantía, si uno de nuestros mecanismos no funciona de manera correcta dentro del periodo de prueba, se nos devuelve, en este caso al paro, o a situación de desempleado. Pero no se paran a comprobar el por qué de ese fallo, tal vez, no se ha enchufado correctamente, o como ocurre en la mayoría de los casos, no se han mirado las instrucciones que facilitan que se ponga en marcha de manera adecuada. Pero no queda aquí la cosa, aún pasando el periodo de prueba, que garantiza que reúne las condiciones para el puesto, puede que en cierto periodo de tiempo el trabajador que supuestamente era idóneo para el puesto, deje de serlo, ¿y por qué, si en este caso no había fallo previo?. Tal vez, sea la forma de tratarlo, lo que ha ocasionado que ahora no funcione bien.
Entonces, ¿qué es lo que tenemos que arreglar?
Puede ser que sea la forma en la que los empresarios lean las instrucciones de los trabajadores. Si conociesen su funcionamiento, sus características, sus fines, etc, tal vez todo fuese diferente, tanto para la empresa, como para los trabajadores.
He hecho esta similitud del ser humano con una máquina, por el simple hecho, de que es como se nos trata dentro de las empresas, no preocupan sentimientos, emociones, satisfacciones, etc, somos simples medios para alcanzar sus fines. Si no servimos, a la…
Esta es la triste realidad.
Pero no puedo generalizar, pues no soy conocedora de todas, confiemos en lo que alguna gente comenta “las empresas buenas existen”, PUES ENCONTRÉMOSLAS.
Frase del día: “El cerebro es un órgano maravilloso. Comienza a trabajar nada más levantarnos y no deja de funcionar hasta entrar en la oficina” (Robert Lee Frost).
No hay comentarios:
Publicar un comentario