jueves, 9 de junio de 2011

¿Qué es el diseño empático?

El diseño empático es cada vez más usado. La empatía ha llegado al mundo del I+D, donde los investigadores observan el uso de los consumidores de los diversos productos.
El diseño empático consiste en observar a los usuarios en su ambiente natural, para detectar problemas en los productos de uso común.
 De la observación se genera lluvia de ideas de productos novedosos. De todas las ideas generadas para el nuevo producto se pasa a un proceso de selección de la idea para determinar cuál es la más factible. Algunos de los criterios de selección son: criterios financieros, de producción, de mercadotécnia, de Investigación y desarrollo, criterios relacionados con los objetivos y estrategias de la empresa.

Una vez seleccionada la idea se debe buscar la retroalimentación del mercado para determinar qué es lo que se espera el cliente del producto. En esta fase se utiliza las técnicas de investigación de mercados y herramientas de diseño de productos para estructurar el concepto de lo que el cliente quiere. Se han encontrado bastante útil la técnica de grupo foco, porque permite obtener mucha información de varios segmentos de mercado en poco tiempo.
Es importante hacer una correcta segmentación del mercado para que durante el grupo foco se pueda detectar el mercado potencial del producto elegido.
El concepto del producto, que se haya previamente definido, nos permite pasar a la etapa de investigación para la generación de soluciones técnicas del nuevo producto,
Una herramienta que facilita este proceso es la ingeniería de reversa, que mediante el análisis detallado de productos similares o componentes de otros productos permite obtener soluciones técnicas para nuestro producto.
Las primeras representaciones que sirven como base para el diseño detallado son bocetos y prototipos.

Las fases posteriores del proceso de diseño se elaboran tomando como base el diseño y el concepto, teniendo en mente los atributos importantes del cliente.
Antes de pasar a la etapa de producción, se deben hacer preseries que permitan probar los procesos y maquinaria.
De esta forma, se consigue ofrecer al consumidor el producto deseado.

Cada vez más, vamos hacia una economía empática, que obliga a conectar con el cliente, para ofrecerle aquello que demanda, y que cada vez es más inusual.

El salario: ¿Fuente de motivación?

Hace unos días leí un artículo muy interesante sobre el salario, en el que se decía que éste no es un factor motivador por sí mismo, cuestión que comparto.
Si es verdad que casi todo el mundo trabaja por dinero, pero, el dinero no es ni un factor de motivación en el trabajo ni es siempre motivo de trabajo fundamental, es decir también hay lo que se llama como “vocación”, “interés social”, “afán de aprender”, etc.
El trabajo hace que nos sintamos útiles, que nos podamos relacionar socialmente (por este motivo no me gusta demasiado tener que trabajar desde casa, ¿Dónde quedan los “chismorreos de trabajo”?),  también nos permite obtener reconocimiento. Un ejemplo de esto es el trabajo de becario de muchos estudiantes. Seguro que la mayoría de nosotros no lo hacemos por la cantidad de dinero que se nos ofrece, ya que se podría obtener más dinero en otros mercados, sino porque es más motivador y gratificante para nosotros.
En otros casos aunque un trabajo nos gratifique más que otro, sí miramos el salario que vamos a percibir, pero esto es sólo cuando realmente necesitamos percibir una cantidad superior para satisfacer nuestras necesidades.
De hecho en mi caso para poder financiar mis estudios, he tenido que renunciar en ocasiones a trabajos que me hubieran encantado realizar como becaria, pues inicialmente eran más motivadores, pero  la cantidad de dinero que me ofrecían, si se puede calificar como “cantidad”, me llevaba a renunciar a ellos, y tener que trabajar en otros trabajos que me motivaban mucho menos, pero en los que ganaba más.
Aunque el salario no es una fuente de motivación por sí misma, en ocasiones, por necesidad se convierte en la principal opción por la cual escoger un trabajo u otro, pero eso no genera bienestar en el puesto que se vaya a desempeñar, por lo menos a largo plazo. Solo se escoge por necesidad.

En definitiva, puedes ofrecer a una persona una cantidad elevada de salario, pero si no la motivas para realizar su trabajo de forma excelente, sólo conseguirás mediocridad. La motivación es algo más.

El amigo del "buen-hacer": La motivación

Hoy hablaré de la motivación en el trabajo.  Bajo mi punto de vista, la motivación en general, es algo que no se aprecia en muchas situaciones, pese al gran peso que tiene en una persona. Es decir, si lo pensamos bien, en la mayor parte de las ocasiones hacemos las cosas porque nos motivan. En otras ocasiones, lo hacemos aunque algo no nos motive, pero el resultado de esa acción no es efectiva ni eficiente, es una acción hecha, pero no de la forma más idónea y correcta, con lo cual el resultado no será el mejor y esto sucede por la falta de interés.

Si leemos la definición de motivación, nos dice que son los estímulos que llevan a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación. Es decir, la motivación en el trabajo es aquello que impulsa a una persona a actuar de una manera determinada y con un nivel de esfuerzo concreto. Dicha motivación se relaciona directamente con el rendimiento en el puesto de trabajo.

Entonces: ¿Por qué y para qué motivar?

-          Porque quien es motivador se convierte en una persona significativa y digna de confianza, y ello le convierte también en un modelo atractivo.

-          Porque aumenta la capacidad para influir en el cambio y reducir las resistencias al cambio.

-          Porque suscita sentido de la autoeficacia y autocontrol y contribuye a aumentar la autoestima y reducir el sentimiento de desmoralización e indefensión.

-          Porque da información útil a los demás sobre sus puntos fuertes.

-          Porque cambia el clima total de la organización, ayuda al cambio de la cultura organizacional y tiene un valor de ejemplaridad.

Considero que la motivación puede mover montañas. Si queremos que los trabajadores alcancen los objetivos marcados por la empresa, motivémoslos para ello, hagamos un entorno y un clima propicio para esa situación, y esa situación se da en aquellas empresas que consideran al factor humano, parte indispensable de la organización, que les “miman”, les cuidan, les promocionan, etc. En definitiva, les motiva para alcanzar los objetivos personales y organizativos.

¿Cuándo motivar?

-          Cuando deseamos ayudar a adquirir y desarrollar hábitos y costumbres dignos de ser aprendidos.

-          Cuando deseamos un interlocutor receptivo a nuestro mensajes.

-          Cuando deseamos informar y guiar a nuestro interlocutor sobre las cosas que nos agradan.

-          Cuando deseamos generar emociones positivas.

-          Cuando deseamos crear un clima favorable para la negociación y para el cambio.

-          Cuando deseamos mantener y ampliar los logros realizados en el proceso de cambio.

-          Cuando queramos alentar la implicación de los miembros del equipo en la realización de las tareas y en el logro de los objetivos.

-          Cuando queramos ayudar a mejorar su autoimagen y su autoestima.

En definitiva, siempre debemos motivar, porque el “motivar” es el mejor amigo del “buen hacer”.