jueves, 9 de junio de 2011

El amigo del "buen-hacer": La motivación

Hoy hablaré de la motivación en el trabajo.  Bajo mi punto de vista, la motivación en general, es algo que no se aprecia en muchas situaciones, pese al gran peso que tiene en una persona. Es decir, si lo pensamos bien, en la mayor parte de las ocasiones hacemos las cosas porque nos motivan. En otras ocasiones, lo hacemos aunque algo no nos motive, pero el resultado de esa acción no es efectiva ni eficiente, es una acción hecha, pero no de la forma más idónea y correcta, con lo cual el resultado no será el mejor y esto sucede por la falta de interés.

Si leemos la definición de motivación, nos dice que son los estímulos que llevan a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación. Es decir, la motivación en el trabajo es aquello que impulsa a una persona a actuar de una manera determinada y con un nivel de esfuerzo concreto. Dicha motivación se relaciona directamente con el rendimiento en el puesto de trabajo.

Entonces: ¿Por qué y para qué motivar?

-          Porque quien es motivador se convierte en una persona significativa y digna de confianza, y ello le convierte también en un modelo atractivo.

-          Porque aumenta la capacidad para influir en el cambio y reducir las resistencias al cambio.

-          Porque suscita sentido de la autoeficacia y autocontrol y contribuye a aumentar la autoestima y reducir el sentimiento de desmoralización e indefensión.

-          Porque da información útil a los demás sobre sus puntos fuertes.

-          Porque cambia el clima total de la organización, ayuda al cambio de la cultura organizacional y tiene un valor de ejemplaridad.

Considero que la motivación puede mover montañas. Si queremos que los trabajadores alcancen los objetivos marcados por la empresa, motivémoslos para ello, hagamos un entorno y un clima propicio para esa situación, y esa situación se da en aquellas empresas que consideran al factor humano, parte indispensable de la organización, que les “miman”, les cuidan, les promocionan, etc. En definitiva, les motiva para alcanzar los objetivos personales y organizativos.

¿Cuándo motivar?

-          Cuando deseamos ayudar a adquirir y desarrollar hábitos y costumbres dignos de ser aprendidos.

-          Cuando deseamos un interlocutor receptivo a nuestro mensajes.

-          Cuando deseamos informar y guiar a nuestro interlocutor sobre las cosas que nos agradan.

-          Cuando deseamos generar emociones positivas.

-          Cuando deseamos crear un clima favorable para la negociación y para el cambio.

-          Cuando deseamos mantener y ampliar los logros realizados en el proceso de cambio.

-          Cuando queramos alentar la implicación de los miembros del equipo en la realización de las tareas y en el logro de los objetivos.

-          Cuando queramos ayudar a mejorar su autoimagen y su autoestima.

En definitiva, siempre debemos motivar, porque el “motivar” es el mejor amigo del “buen hacer”.

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