Hace unas semanas leí un libro de David Noble, “Una historia social de la Automatización Industrial” que me fascinó.
Noble es un historiador de la tecnología, la ciencia y la educación. Actualmente enseña en la Universidad de York en Toronto, en la División de Ciencias Sociales y el Departamento de Acción Social y Pensamiento Político.
En el libro nos dice las verdaderas causas de la automatización, para ello habla de la fábrica de máquinas-herramientas de los EEUU.
Las razones de la automatización que se venden por las organizaciones son económicas y productivas, es decir, el hecho de que se opte por la automatización es porque mejoran los beneficios económicos y productivos. Sin embargo, Noble, nos expone que realmente no es así, y dice que es por una cuestión de poder. Los dueños de las empresas quieren tener el control absoluto sobre el proceso productivo, para ello, hay que descualificar totalmente al operario, y así deje de ser imprescindible en el proceso de producción y poder prescindir de él, y esto se consigue mediante la automatización.
Si nos remontamos a la producción artesanal, veremos que el artesano tenía una cualificación absoluta sobre el trabajo que desarrollaba, era un trabajo polivalente, amplitud de tareas y podemos incluso decir, que no existía la descentralización vertical (control sobre sus tareas). De esta forma, el artesano era indispensable en el desarrollo del proceso productivo.
Más tarde, con la revolución industrial y el sistema taylorista de producción todo cambió. Surgió la Organización Científica del Trabajo, que se basa en la aplicación de métodos científicos de orientación positivista y mecanicista al estudio de la relación entre el obrero y las técnicas modernas de producción industrial, con el fin de maximizar la eficiencia de la mano de obra y de las máquinas y herramientas, mediante la división de tareas, la organización racional del trabajo en sus secuencias y procesos, y el cronometraje de las operaciones, más un sistema de motivación mediante el pago de primas al rendimiento, suprimiendo toda la improvisación en la actividad industrial. Intentó eliminar por completo los movimientos innecesarios de los obreros con el deseo de aprovechar al máximo el potencial productivo de la industria.
Sin embargo, el operario seguía siendo necesario en el proceso productivo, por lo que llegó la automatización, ¿Cómo lograrían las organizaciones depender en menor medida de los operarios?
La automatización se lo permitía. Si bien se puede pensar que la automatización logrará una recualificación de los puestos, pues el diseño, comprensión, manejo y control de las nuevas máquinas requiere conocimientos sobre las mismas, esto será sobre una pequeña minoría de trabajadores, el resto de los operarios seguirán siendo personal descualificado, tal vez su trabajo se base en vigilar durante horas el funcionamiento de la máquina por si tiene alguna avería, y si es así avisar inmediatamente al personal cualificado.
Otra consecuencia a la que no he hecho mención, es la reducción de plantilla que supone introducir maquinaria de este tipo. Si antes, imaginemos por ejemplo una la fabricación de una pieza requería pasar por una secuencia de manos, ahora con la automatización, una sólo maquina hace todo el proceso, con lo cual sobra personal, además se hace en menos tiempo.
No es objeto criticar la automatización, puesto que considero que es parte de la evolución a la que nos tenemos que ir enfrentando, lo que critico y comparto con Noble, son los motivos de que se implante, y esos motivos como ya destaque son simplemente de control del poder por parte de la dirección de todo el proceso productivo, tratando de eliminar el factor humano. Si esto continúa así donde llegaremos, ¿el mercado laboral estará formado por robot?, ¿y nosotros?, ¿Quiénes son los perjudicados y beneficiados de esto?, ¿se ha pensado en términos humanos y sociales sobre este tema?
Primero se empezó por descualificar el trabajo humano, para que éste fuese fácilmente sustituible, luego por introducir artefactos tecnológicos, que con el argumento de que dotan de fiabilidad técnica el sistema productivo, aumenta la productividad, genera mayores beneficios, y un sinfín de ventajas más, lejos de eso lo que queda en el trasfondo de su creación es el control del poder por parte de la dirección, y así eliminar el factor humano del proceso productivo.
¿Qué nos queda?
Pues devolver al factor humano la importancia que tiene, bien, los seres humanos tenemos errores, pero podemos aprender de los mismos, gestionarlos, y volver a recorrer el mismo camino, sin cometer el mismo error. “es difícil tropezar dos veces con la misma piedra”
Por el contrario, los artefactos tecnológicos son supervisados siempre por el factor humano, pues aunque su fiabilidad sea alta, siempre puede surgir un error técnico, y como comodín está el hombre, para subsanarlo. Estos artefactos vuelven a ser programados por el hombre para que no cometa el mismo error, sin embargo no se puede garantizar que así ocurra, y en todo caso necesitará la supervisión constante del factor humano.
Por tanto, ¿hasta qué punto somos reemplazables?, ¿dónde está el límite de lo natural y humano?
Frase: “Cada día la tecnología crece a pasos agigantados para, en un momento, dejarse caer y destruir todo aquello en lo que confiamos”.
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